Un pueblo abandonado

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Roberto Carlos Miras Miras

Acercarse a la obra del profesor Alberto Maestre Fuentes es llegar a realizar un viaje en el tiempo a través de la Historia. En cada página pone los distintos datos que ha recogido gracias a una intensa investigación que en ocasiones no ha sido fácil como él mismo ha podido señalar. Fechas de cuando se iniciaron los principales partidos nacionalistas saharauis así como el papel que en su momento desempeñó el monarca Hassan II de Marruecos o el fallecimiento del Almirante Carrero Blanco. Y ¿saben ustedes que hubo una reunión en el aeropuerto de Madrid entre el General Francisco Franco y el propio Rey Hassan II?.

Al leer sus páginas , los diversos intentos que ha habido por parte de personalidades españolas para apoyar a los saharauis… Aún hay más… La creación de Radio Sahara por parte de Pablo Dalmases, autor de varios trabajos en torno a este tema y una persona que pudo vivir de primera mano esa parte de la Historia y un periódico en Castellano y en Árabe.

Este libro del profesor Fuentes no es un corta y pega. Estamos ante un trabajo que debería de estar en todas las universidades y en todos los colegios en un lado y en otro. Es un trabajo que muchos investigadores o personas docentes deberían dar a conocer a sus alumnos. En ocasiones, a los estudiantes se les pregunta ¿qué es eso y qué ha pasado con el tema del Sahara? muchos no saben que contestar. Tenemos dos líneas de investigación no siempre bien aclaradas o entendidas. A veces solo se mira la cultura de un pueblo y nos olvidamos o se olvidan de la política del mismo. O incluso cuando llegan los niños saharauis en verano a Galicia un trabajo como este es necesario.

¿De qué estamos hablando? De un trabajo que describe las características del pueblo saharaui pre colonial, la llegada de los españoles al Sahara Occidental, sus avatares y su consolidación en dicho territorio. Y quizás lo más importante, narra la evolución de la política española en relación al Sahara, sus relaciones con la población autóctona, las contra­dicciones, la represión y la lucha armada de liberación y finalmente, el abandono y cesión a Marruecos y Mauritania al margen de las Naciones Unidas. De esta forma quizás algunas personas que gustan de utilizar grandes titulares en los distintos medios de comunicación lo hagan con la sinceridad y con la honestidad que este asunto requiere y se sumen a una palabra que en ocasiones no se utiliza habitualmente, la Verdad.

El sueño de un niño. Carta enviada por un joven que creemos que podemos añadir perfectamente a este comentario. Y nos dará que pensar. Se sentía como Gacel Sayah, sí, el personaje de una de las novelas de Vázquez Figueroa. En pocas horas de una tienda de periódicos en donde ya todo se sabe. Se iba a marchar lejos en un lugar en donde no existía cinta métrica para medir las distancias. Muchas noticias tenía en sus archivos de ese lejano mundo, muchas las había leído. Se había documentado pero el dinero. ¿Que le pasaba al dinero? ¡No todos quieren depender de él pero al final…! Sin embargo fue cuestión de horas, en unos minutos se vió subiendo a un avión de las Líneas argelinas. Jamás lo había soñado así. Sus viajes habían sido cercanos. Aquí al lado a un paso de esa tienda, de esos periódicos que leía una y otra vez sin cesar. ¡Lo había conseguido! exclamó con firmeza. Se iba a ese lugar tantas veces soñado. Había tomado té varias veces, un té amargo, un té suave, un té como las brisas del mar. Había conocido mujeres, mujeres, sí, decimos bien mujeres que enseñaría mucho a esas que van de…

Pero nunca había estado en ese sitio en donde tan solo las estrellas y el siroco parecen habitar. El viaje fue tranquilo y en buena compañía ojeando los periódicos argelinos escritos en francés. Se leían bien, con calma llena de tranquilidad en un vuelo de tres horas. El avión despega del suelo. Se siente como si se tratase de las alas de un ave.

Parecía un niño a quién le acaban de regalar unos zapatos nuevos. Comienza el viaje ¿a donde? ¿a que lugar? Las preguntas venían una y otra vez a su cabeza sin dejar a la mente en paz. Era como si en su cabeza un círculo de estrellas no parase de girar.

¡Y aterrizó! En otra tierra en donde no había ni teléfonos, alejado de su familia y a muchos kilómetros de distancia. Un hombre de tez morena le revisó su maleta llena de juguetes y le pidió su carnet de estudiante de Instituto cuando le dijo ¡Puede usted pasar! No sabía como contestar si en francés o en inglés pues no conocía el árabe. Pero había que dar las gracias a ese hombre que parecía haber salido de alguna de las novelas de Le Carré. Los demás viajeros hicieron el mismo recorrido. Todos juntos se fueron a un autocar, a un destino a un lugar… Los llevaría a la hammada (Llanura).

– ¿En donde estamos?

– En Tinduf, respondieron, al Suroeste de Argel y a sesenta kilómetros de Marruecos. No había nada ni nadie en aquel lugar. Y de repente volvió a su mente el personaje de Gacel Sayah Nunca corrieron las estrellas tan locas por los cielos. Esa frase era cierta. Había un cielo maravilloso que nunca así lo había contemplado sumamente claro. Estaba como un compañero le había dicho en otro mundo, olvídate del reloj, olvídate del tiempo…

En silencio y para si musitó ¡tenía razón! Su vida y su familia en esos cuatro días de estancia habían quedado atrás. No los olvidaron pero la noche caía cuando llegaron al campamento de Rabuni a cinco kilómetros del aeropuerto. Allí un guía los alojó en su jaima en donde una manta y un colchón era lo único que tenían. ¡Sí lo único pero suficiente!.

Un compañero por lo bajo. Mire yo llegué aquí con las manos quebradas y dormíamos al lado del fuego entre las arenas como las ratas. La frase dejó a muchos impresionados. En uno de esos campamentos tuvo la oportunida de darle la mano a un prisionero. Tenía una parte de sus dedos cortados. Y en una de las tiendas pudo comprar un turbante de color negro. ¿Por qué negro y no blanco? Una mujer se lo explicó: Con el negro nos casamos, ese color refleja nuestra tranquilidad y nuestra belleza. Y era cierto. Salvo excepciones todas allí tenían ese color. Incluso un compañero decía: Voy de negro pues a mí ese color me da suerte. ¿Será cierto?

Cuantos interrogantes, cuantas preguntas sin respuesta… Los días pasan rápido como las estrellas que no se veían. Las mujeres nos invitan, eran y son amables y no había ese ¡aquí estoy yo! La tradición coranica había dejado de existir. No era tan tradicional como pensamos en este pueblo de hombres y mujeres. Nos parecían iguales. Eso les gustaba. El viaje estaba llegando a su fin. Los cuatro días no habían llegado a nada. La tierra del desierto de los saharauis, de los tuaregs como el personaje de Vázquez Figueroa con su halo negro quedaban atrás. Nunca corrieron las estrellas tan locas por los cielos.

Fuente : El Correo gallego, 6 oct 2019

Sahara Occidental, Frente Polisario, España, Marruecos, ONU,

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