Nadie quiere vivir en Marruecos

IGNACIO CEMBRERO

El País, 16 jun 2002

Aquel puñado de amigos de Ujda, en el noroeste de Marruecos, tuvo una idea ingeniosa. A mediados del año pasado fundaron la Estrella de Ujda, un club de rugby que sólo existía en el membrete de las cartas que enviaron a decenas de equipos de Francia pidiéndoles que les invitaran a jugar partidos amistosos. Al menos uno cayó en la trampa, el Sporting Club de Graulhet, y con su respuesta positiva en la mano, 23 jóvenes marroquíes acudieron al consulado francés en Fez para solicitar visados que obtuvieron. El subterfugio fue descubierto cuando, a finales del año pasado, ningún marroquí se presentó en el estadio del departamento de Tarn para darle al balón oval.

Otro grupo de deportistas marroquíes no tuvo que agudizar tanto la imaginación para entrar en la fortaleza europea. Nueve miembros de la delegación de Marruecos en los campeonatos del mundo universitarios de campo huyeron horas antes de que empezase la competición, en abril, en Santiago de Compostela.

Con o sin grandes dosis de ingenio, con o sin diplomas debajo del brazo, la mayoría de los jóvenes marroquíes aspira a hacer su vida del otro lado del Estrecho. Un sondeo encargado el año pasado por la Asociación de Amigos y Familiares de las Víctimas de la Inmigración Clandestina revelaba que el 82% de los alumnos de bachillerato, el 54% de los estudiantes universitarios y el 94% de los marroquíes con menos de 30 años que carecían de un empleo estable proyectaban instalarse en Europa.

El 38% de los marroquíes que la Guardia Civil ha apresado en las costas andaluzas, recién desembarcados de la patera, proceden de Beni Mellal, una zona del Medio Atlas muy castigada por una prolongada sequía, según las encuestas esporádicas que ha llevado a cabo el instituto armado. Cerca del 80% de los que viajan en patera es de procedencia marroquí, y el resto es de raza negra o de otros países del Magreb, como Argelia.

Marruecos exporta emigración, pero también la recibe, al menos de forma transitoria. Al aeropuerto de Casablanca llegan subsaharianos que necesitan visado de entrada y que se dirigen a Tánger o Nador, desde donde intentarán embarcar. El grueso penetra, sin embargo, en el reino de la noche, a través de la frontera argelina, teóricamente cerrada, tras haber atravesado Argelia de sur a norte, remontando la carretera transahariana.

No todos los emigrantes son pobres campesinos medio analfabetos. ‘He querido a mi país con una pasión sin límite y he golpeado todas las puertas para llevar una vida decente’, escribía una licenciada marroquí en Literatura anglosajona que ejercía la prostitución en España. ‘Tomé finalmente la decisión de marcharme o, mejor dicho, de huir del infierno de mi país para ir adentrándome en la decadencia moral’, añadía en su carta, publicada hace dos años por el diario de Casablanca Al Ahdat al Maghrebia.

Una sangría de materia gris

Si la emigración de los parados -el 20% de la población activa urbana en Marruecos y el 70% de los apresados por el instituto armado en España- puede aliviar la presión social proporcionando una salida a un colectivo descontento, el de los licenciados, sobre todo los científicos, es un auténtico drama para Marruecos. Éstos intentan apuntarse a clases de posgrado o a algún congreso en el extranjero para obtener el codiciado visado, pero a veces ni siquiera deben hacer tales esfuerzos.

Casi toda la promoción de ingenieros informáticos que salió el año pasado de la escuela de Mohamedia, considerada la mejor del reino, recibió ofertas de empleo para ir a trabajar en Francia, Canadá o Bélgica con sueldos muy superiores a los que podrían ganar en su propio país. Las empresas marroquíes del sector electrónico tienen, en cambio, auténticas dificultades para reclutar a jóvenes cualificados. ‘Esta emigración de materia gris es una sangría para el país’, se lamenta un hombre de negocios.

El anzuelo de unos buenos emolumentos motiva a los licenciados en ciencias a la hora de hacer las maletas. El grueso de los marroquíes aspira, sin embargo, sólo a vivir mejor, como esos casi dos millones de familiares instalados en Francia o en Bélgica y que regresan cada año al pueblo, en vacaciones, con un gran automóvil repleto de regalos, o, para los más ilusos, como esos personajes que ven en las televisiones europeas. Las cadenas españolas se captan en el norte de Marruecos, pero muchas familias modestas poseen antenas parabólicas con las que sintonizan canales extranjeros.

Diferencia abismal

‘Mi hermano se murió de lo que suponemos era un cáncer sin ser visto por un oncólogo porque la familia no disponía de los medios necesarios para llevarle hasta Rabat, donde está el hospital más cercano equipado para diagnosticar esa enfermedad’, cuenta un joven recién casado de Fes. ‘¿Que por qué quiero emigrar? Para que no le pase lo mismo a mi familia, porque en Fes, con más de 300.000 habitantes, no hay un hospital oncológico’.

Si se exceptúa a las dos Coreas, cuya frontera es infranqueable, no hay otro confín donde el abismo entre el Norte opulento y el Sur paupérrimo sea tan grande como el de los 14 kilómetros del estrecho de Gibraltar. La renta per cápita de España multiplica por 12 la de Marruecos -la de Estados Unidos sólo sextuplica la mexicana-, y cada año que pasa la diferencia de desarrollo entre la orilla europea y árabe del Mediterráneo se acentúa. Sólo Túnez ha conseguido estos últimos tiempos acortar distancias con la Unión Europea.

El cruce del Estrecho en patera, más bien ahora en una zodiac potente, o escondido en uno de los 90.000 camiones que cada año hacen la travesía, es la vía de huida más común y más dramática. De entre los 100.000 y 200.000 marroquíes que, cada año, según las estimaciones, emigran ilegalmente, una mayoría relativa lo intenta traspasando el Estrecho. Es también la vía más trágica porque, según la Asociación de Amigos y Familias de las Víctimas de la Inmigración Clandestina, desde 1997 hasta finales del año pasado se han recuperado, a ambos lados del Estrecho, 3.286 cadáveres de emigrantes ahogados. Otros muchos nunca han aparecido.

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Como cada año desde 1997, con la llegada del buen tiempo zarpan masivamente las pateras de la costa del Rif rumbo a Andalucía y surgen las quejas del lado español sobre la inoperancia de las autoridades marroquíes para luchar contra esa plaga. ‘Yo supongo que harán muchos esfuerzos, pero yo, al final, tengo que juzgar resultados y esos no son muy halagüeños. Y hay que decir que hay muchas personas que están perdiendo la vida porque eso se permite’, se lamentaba, a finales del mes de mayo, el vicepresidente Mariano Rajoy. Para obligar a Marruecos a hacer mayores esfuerzos, el presidente español, José María Aznar, propuso el mes pasado, en Londres, condicionar la ayuda al desarrollo de la Unión Europea al empeño que pongan los países exportadores de emigrantes en controlar ese flujo. El Gobierno marroquí ha alegado siempre en su defensa que carecía de medios suficientes para combatir ese fenómeno: apenas tiene 25 patrulleras mal equipadas, frente a las 44 de la Guardia Civil, que están dotadas con la más moderna tecnología. Tras señalar que se trataba de una ‘responsabilidad compartida’ entre España y Marruecos, el rey Mohamed VI insistía hace nueve meses, en una entrevista al diario francés Le Figaro, en que Rabat carecía de los medios adecuados. Su secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Taieb Fassi- Fihri, pidió a la Unión Europea ‘radares electrónicos y lanchas de intervención rápida’ para mejorar la infraestructura de la vigilancia de sus costas. Un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos, publicado a principios de este mes de junio, sobre el tráfico de personas, avalaba los argumentos del país vecino. ‘El Gobierno de Marruecos no cumple los requisitos mínimos para la erradicación del tráfico’ de seres humanos. ‘Está, sin embargo, haciendo esfuerzos significativos para lograrlo’, señalaba. ‘Aunque el Gobierno de Marruecos está empezando a enfrentarse al problema, (…) se ve constreñido por la falta de recursos’. Y añadía, además, que ‘la policía marroquí y los servicios de seguridad han desmantelado numerosas bandas de emigración clandestina y de prostitución’.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de junio de 2002

Tags : Marruecos, Migración, clandestino, estrecho de Gibraltar,

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