Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la, el ilustre intelectual y dirigente saharaui del s. XX

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EDITORIAL / Diario La Realidad Saharaui, DLRS

Son varios los intelectuales saharauis en sus más versátiles facetas, época y contexto, que nos dejaron a lo largo de estos años. Algunos consagraron su vida a la diplomacia intelectual, otros a la erudición y literatura y también los hubo que además de ser dirigentes revolucionarios destacaron como poetas que cantaron el proceso de liberación saharaui. El 3 de abril de este año hemos conmemorado el primer aniversario de la desaparición física del que fuera durante décadas Representante saharaui ante la ONU, Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la. El 19 de octubre de 2017 nos dejaba el poeta nacional Beibuh Uld Buddi Uld El Hach; el 20 de octubre de 2006 perdimos a la erudita y poeta Jadiyetu Mint Omar Uld Ali; y en la segunda mitad del siglo XX cayeron en combate los dirigentes y poetas Moichan Uld Lumahad, el 07 de mayo de 1980 y Biga Uld Abali, el 26 de julio de 1982.

Mañana lunes 8 de abril se presenta en Zaragoza el libro “Sahara Occidental. Del abandono colonial a la construcción de un estado”, editado por Pregunta Ediciones. Se trata de una obra en la que participan los autores siguientes autores por orden de aparición: Bahia Mahmud Awah, Ana Camacho, Carmelo Feleh, Javier A. González Vega, Pablo Jiménez, Pepe Revert, Ana Sebastián, Leonardo Urrutia Segura y Carlos Villán Durán. El prólogo de este nuevo libro es del Observatorio Aragonés para el Sahara Occidental, organización que ha promovido la publicación de este libro. Tuve la ocasión de iniciar el corpus de esta obra con un este texto que a continuación comparto con vosotr@s en homenaje a Bujari Uld Ahmed, “El ilustre intelectual saharaui del s. XXI”. Pero también quiero dejar un recuerdo a las destacadas figuras de la historia saharaui mencionadas anteriormente y con las que ilustro este texto.

Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la, el ilustre intelectual y dirigente saharaui del s. XX (artículo de Bahia Mahmud Awah escrito para el libro “Sahara Occidental. Del abandono colonial a la construcción de un estado”)
En la filosofía saharaui se dice que Tiris, región sur del Sahara Occidental, es la cuna de los eruditos, sabios y poetas anticoloniales. La evidencia de este planteamiento son las tumbas y antiguos lugares de moradas, como cuevas y pozos, aún hoy visibles, puntos de referencia en la memoria y en la geografía y las obras de pensamiento que en ella se produjeron. El intelectual y diplomático Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la, vino al mundo según el calendario pastoril saharaui en Am Neym Um Shaual[1], [el año de la estrella de rabo], en Tiris, concretamente en la península de Dajla, Villa Cisneros, antigua capital del territorio. Tal vez aquella estrella fue una señal cósmica que anunciaba el nacimiento de una principal figura saharaui, que nos dejó un decálogo de mandamientos nacionalistas y revolucionarios.
Reflexionar sobre la envergadura de Bujari, que ha transcendido más allá de lo que sabemos como dirigente e intelectual del pasado siglo, no se puede entender sino como una parte indivisible de la historia del continente africano, sobrevenida en el Sahara Occidental. Escribir sobre él es recordar el rápido e intenso paso de los forjados hombres que se dieron en la historia de África entre los siglos XIX y XX. Esos que formaron parte de la columna principal de la historia, comenzando como subalternos durante un convulso periodo caracterizado por las políticas de dominio colonial y las luchas revolucionarias, nacionalistas y progresistas por la descolonización en todos los continentes, pero en especial en África.

En este contexto se me ocurre citar a Kwame Nkrumah, un ejemplo a escala africana e internacional a comparar con la talla de Bujari Uld Ahmed; los dos se formaron en universidades de sus respectivas metrópolis. Nkrumah, líder ghanés, fue el promotor intelectual y líder carismático de la primera independencia de un país africano, en 1957. Y no solamente fue el precursor de la lucha por la independencia de África, sino un referente para todo el movimiento de liberación nacional africano como se puede observar en su pensamiento, situado en el debate de los estudios postcoloniales y decoloniales. “Es nuestro deber, puesto que somos la vanguardia, dar toda la ayuda posible a esos que libran actualmente los combates que nosotros hemos llevado por el buen camino; nuestra tarea no será concluida ni nuestra seguridad afianzada hasta que los últimos vestigios del colonialismo sean borrados del continente africano”. El mismo ideal y acción por el que Bujari Ahmed luchó hasta los últimos días de su vida. El Sahara Occidental, territorio tipificado por el Comité de Descolonización de la ONU como unos de los diecisiete territorios no autónomas que faltan por ejercer su derecho a la autodeterminación, aún sigue siendo una lacra que se arrastra como lastre, lejano ya el tiempo de las descolonizaciones.

Un artículo de Bujari Ahmed del año 1972 ya le colocaba a la altura de los jóvenes ilustrados e inquietos de su tiempo, inspirado en los padres de las luchas africanas como Nkrumah, Lumumba o Mandela. Esta reflexión, que yo calificaría de prematura para su época, la escribió cuando estudiaba tercer año de derecho en la Universidad de La Laguna (Tenerife). Se trataba de un extenso ensayo que apareció publicado en la revista Irifi que editaba el Instituto “General Alonso” en la ciudad de El Aaiun, entonces aún bajo dominio español. Afirmaba Bujari que “Dos clases de hombres, dos clases de personalidades se reflejan en el acontecer histórico del Sahara Occidental; el hombre tradicional de ayer y el hombre que quiere ser hijo del siglo XX, el hombre de hoy”[2]. Y matizaba al respecto que son, “Encarnaciones de dos mundos distintos y por naturaleza antagónicos”. Es evidente que él era ese hombre del siglo XX que quiso romper con los estigmas del pasado para irrumpir en ese presente que clamaba su generación de líderes africanos alzados contra el colonizador, en el sentido de Lumumba cuando decía “Sabemos cuáles son los objetivos de Occidente. Ayer nos dividieron en tribus, clanes y aldeas”. Bujari presentía y reivindicaba el nuevo hombre saharaui y su papel, retando el fin de la descolonización a través de ese nuevo “hombre del siglo XX” a quien apelaba el rol que inequívocamente protagonizó su generación, la del “73 Saharaui”, de la que me habló en varias ocasiones cuando la investigaba para mi libro “El sueño de volver”.

Bujari era un intelectual que producía pensamiento político y estadístico con el que retaba los frentes de lucha que llevaba por su causa, como Frantz Fanon o Kwame Nkrumah. “Lo fundamental es, en toda aproximación a un conflicto o problema, sobre qué principios lo debemos abordar para encarar su solución. Yo dije que la solución fue encontrada y está y estará ahí, y el Polisario no renuncia ni hoy ni en cien años ni en doscientos años a ese derecho a la independencia, y debe quedar claro”[3].

Sus argumentos para defender y exponer el alegato saharaui son claros, recogiendo pasajes de la historia y de la literatura para esquematizar sus evidencias, como en este planteamiento, “Seremos como el Guadiana, aparecemos y desaparecemos, la lucha armada puede volver y puede no volver, pero nuestra convicción está ahí y nadie debe llevarse a engaño, y esto debe quedar claro”[4]. El término “realpolitik” que los “entendidos” think thank en órbita con el lobby marroquí comenzaron a usar como estrategia para tergiversar la naturaleza del proceso de descolonización del Sahara Occidental, Bujari lo desenmascaraba calificándolo de ineficaz ante la determinación del pueblo saharaui. “Para aquellos que creen en el desgaste, se desgasta un material químico, un material hecho de hierro bajo la oxigenación del tiempo, pero un pueblo en busca de su libertad no es consumible y lo vuelvo a decir, las tropas españolas entraron en Granada después de setecientos ochenta años de resistencia, y no tenemos absolutamente ninguna carrera contra el tiempo y estaremos ahí y nuestros hijos estarán ahí”[5]. Frantz Fanon en su obra ‘Los condenados de la tierra’, reafirmaba lo anteriormente reiterado por Bujari, “Cuando la nación se impulsa definitivamente, el hombre nuevo no es un producto ‘a posteriori’ de esa nación, sino que coexiste con ella, se desarrolla con ella, triunfa con ella”.

Como dirigente africano, aparecido y curtido desde los años setenta en la escena internacional, de sus discursos se desprende un dirigente, un intelectual, un académico, un estadista y un sabio en la doctrina de las aspiraciones de su pueblo, de la misma intensidad y fuerza similar a la que predicaron y esparcieron Nelson Mandela, Julius Nyrere, Kenneth Kaunda, Eduardo Mandlane, Amilcar Cabral, Agosthino Neto, Oliver Tombo, Patricio Lumumba, Hauari Boumediene, entre otros.

Bujari era una extensa enciclopedia en la lengua española y hasania, su temprana desaparición no nos dio tiempo a empaparnos de su caudal humano, rica sabiduría y erudición. Un hombre que se cultivó para estar y aportar mucho y saldar su deuda como intelectual en el marco académico político nacional, regional e internacional. África del siglo XXI en su actual auge necesita de hombres de su talla, de liderazgo y sabia producción. Su capacidad, coeficiente intelectual, diplomacia y convicción en sus principios eran insuperables, como encontramos reflejado en muchas citas suyas, “Aquellos que crean que los saharauis van a ser víctimas del paso del tiempo no conocen la naturaleza del desierto. Podemos morir, otros continuarán”[6]. Estas palabras me llevan a mi poema “Tengo fe en el tiempo”. Voy huyendo a la infinidad del tiempo. /Voy huyendo de los principios frustrados. /Voy huyendo de los que no levantan /polvo al caminar. /Voy huyendo de los que no creen /en el día que nacerá mañana. /Porque yo sí creo en ti, /hoy, mañana y los próximos siglos /y por eso /mi evasión a la infinidad del tiempo.

Fue un ilustrado líder africano encarnado en sus antecesores, de visión universalista muy adelantada a su tiempo. Poseía y predicaba el pensamiento revolucionario y nacionalista de aquellos líderes africanos que fueron perseguidos o asesinados por el colonialismo francés, el español o el belga. Cuando se leen sus escritos y se escuchan sus conferencias encontramos una dialéctica de discurso convincente, atractivo, embriagador, brillante, suculento en matices y metáforas y elocuentes alusiones como lo hacían Mandela, Nkrumah o Lumumba, autor de este pensamiento, “Sin dignidad no hay libertad, sin justicia no hay dignidad, y sin independencia no hay hombres libres”, que converge en estas palabras de Bujari, “Solamente la juventud que va a las escuelas, a los institutos o a las universidades, puede tener conciencia de su misión”[7]. Y alegaba que el primordial rol que deberían sostener los pueblos africanos era derrocar en todas sus manifestaciones el yugo colonial que aún persiste en algunos países del continente. Un contexto en el que Bujari apelaba a los pueblos a contribuir para romper las cadenas del yugo, ya sean de los regímenes de corte neocolonial, reaccionarios, expansionistas, y sin dejar de citar el desfasado patriarcado transferido a través del tribalismo estratificador.

En este ordenamiento de pensamiento y lucha primaba para Bujari erradicar el atraso y el sometimiento, como anotaba en estas líneas, “Se necesita una juventud que tenga las manos desatadas, pues no se puede trabajar en una obra de arte con una «camisa de fuerza»”[8]. Porque tenía claro su rol en la emancipación de los pueblos africanos en su lucha por librarse de las garras del explotador que se manifestaba en sus mil formas. La revolución, lo nuevo en progreso en derechos y libertades, es lo contrario al atraso, al estancamiento, y es la negación del pasado que ha consistido en dominio y explotación del hombre por el hombre. El tribalismo fue y sigue siendo una lacra del pasado colonial que ha enfrentado ideales de progreso en muchos rincones de África, un nefasto obstáculo que Bujari ya advirtió a inicios de los años setenta, “Este ideal está limpiamente enfasado con la juventud; una juventud que se desvincula de todos los prejuicios del pasado que no son útiles, y es más, son un freno para ese ideal”[9]. El líder zambiano Kenneth Kaunda, cuando se decidió a desempeñar un papel de activista político, reflexionaba, “(…) Toda nuestra vida aquí estaba dividida en secciones raciales bien delimitadas: los blancos allá, los indios o las personas de origen asiático por su lado, los mestizos, los de sangre mezclada y la mayoría negra que era el último eslabón. Por lo tanto en toda la nación éramos un pueblo dividido según la tribu, según el color. (…) algunos jóvenes de aquellos días no podíamos aceptar esto”[10]. Y Bujari Ahmed reflejó en su ideario que los saharauis vivieran libres y sin ningún tipo de disgregación racial o tribal, tras esa «camisa de fuerza» que lo impedía y que él entrecomillaba advirtiendo su letal expansión. En eso también consistió el proyecto revolucionario del Frente Polisario y su proyección en la República Saharaui, que aquella “Generación del 73 Saharaui” había asumido con un alto nivel y entrega.

El diplomático saharaui lideró una lucha desigual con el adversario, es decir con el ocupante marroquí durante más de tres décadas en los estrados, tribunas y pasillos de la sede de las Naciones Unidas. Una lucha casi bíblica, de un David contra Goliat y en ella venció a pesar del asedio del poderoso lobby promarroquí en los Estados Unidos, la despiadada postura colonial de Francia y la reaccionaria órbita del petrodólar saudita. Pero nadie pudo vencerle. Su mirada seductora, sus justicieros vocablos en inglés, hasania y español, sus sentenciadoras pausas y el uso de poderosas metáforas eran sus más temibles armas, porque su convicción de lucha era inamovible, lo que siempre hacía sentir muy pequeño a su adversario. “En África ha habido una época colonial durísima y los pueblos africanos han pagado el tremendo precio de un baño de sangre. Yo no creo que haya intelectuales y gobiernos en este siglo XXI que nos obliguen a decir que nunca tuvo lugar esa noche o ese precio que resultó ser una lección histórica, cuál es el derecho de los pueblos a tener la oportunidad de decidir su destino. Y ese es el centro de gravedad y no Rabat, Madrid, París, o Washington.”[11].

En el año 2007, mientras yo escribía el libro que consagré a su generación, “El sueño de volver”, intercambié varios correos con Bujari recabando su testimonio. Cuando concluí los trabajos del libro nos vimos en Madrid en una conferencia sobre la actualidad del proceso en Naciones Unidas que él impartía. Aproveché entonces la ocasión, tomando con él un café, para pedirle que me hiciera el prólogo del libro, como destacado miembro de su generación. Se ofreció amablemente y me escribió en su tarjeta la dirección de su apartamento en Nueva York para enviarle el borrador. Pero más tarde pensé que Bujari no tendría tiempo para leer casi trescientas páginas y prologar el libro. Rectifiqué mi abusiva petición y le escribí un correo para no quitarle el mínimo de su necesario tiempo que consagraba diariamente a su difícil misión en las Naciones Unidas. Cuando salió el libro le pedí a la editora que le regalara un ejemplar. Estábamos en una conferencia en Círculo de Bellas Artes en Madrid. Yo le recordé que era el libro que quería que me prologara, a lo que me contestó sonriente, “Bahia, seguro que no habría tenido tiempo para ello”. Fue entonces cuando le dije que era justo lo que yo había pensado y por eso no llegué a enviarle el borrador del libro. Sin embargo, sus testimonios me sirvieron para documentar y argumentar sobre su irrepetible generación, que escribió el primer verso en español cantando a la patria saharaui, llamándola a despertarse contra el yugo extranjero, e inició el proceso de descolonización del territorio y proclamó la República Saharaui.

Ahora que Bujari se ha ido, los saharauis saben que el vacío que ha dejado es irrecuperable. Sin embargo, partiendo del clamor de su generación, estoy seguro que su referencia seguirá siendo el punto de convergencia para todas las generaciones saharauis como lo pregonó el histórico poeta y dirigente Biga Uld Baali[12] en estos versos.
“التاريخ اتمش ينصاع           بيه اجيال اكتب بسباعو
و المناضل من لقتناع                       اكد احدد سراعو

Nuestra historia ha hecho/ en su andar leyendas,/ la nueva generación/ ya sabe escribir más allá / de sus dedos,/ y el militante desde su convicción/ sabrá acotar con determinación/ expectativas e incertidumbres.

Estos versos de Biga parten de la misma ilusión que tuvo este gran intelectual en el proceso de liberación que unió a los saharauis y les está conduciendo hacia el buen puerto que él preconizó con determinación y esperanza, cuando decía, “La coyuntura internacional es como lo que decía Bismarck, el manto de Dios pasa una vez delante de tu puerta cada mil años”. Y Bujari zanjaba el planteamiento, “Nosotros estaremos preparados para el paso del manto de Dios”[13]. En 2014 tuve la suerte de escuchar de cerca al histórico dirigente sudafricano, compañero de celda de Nelson Mandela, Andrew Mlangeni dirigiéndose a los saharauis desde la misma filosofía y liderazgo de la generación de Bujari, “Si los saharauis que están aquí en los campamentos no la consiguen, la conseguirán sus hijos”. Y matizaba esperanzando a los saharauis en su lucha, “Nosotros en 1952 decíamos que queríamos ser libres ya, y lo decíamos en serio, y tuvimos que esperar hasta 1994. El pueblo saharaui está preparado para lo mismo”.
Ojalá que este recuerdo de Bujari Uld Ahmed Uld Barical-la, les sea útil a las nuevas generaciones saharauis y a aquellos amigos de la causa que no tuvieron la ocasión de conocerle en persona. Espero que sea un provechoso acercamiento a esa irrepetible figura de la contienda nacional del Sahara Occidental y de África que dieron en unas circunstancias en que se necesitaba y quitaron cuando menos se esperaba. Pero “vendrán otros”, de su talla, tal y como él decía.

Sobre el autor:

Bahia Uld Mahmud Uld Awah, escritor, antropólogo, poeta natural del Sahara Occidental. Autor de varias obras, ensayos académicos; profesor honorario en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Centro de Estudios Afro-hispánicos, CEAH, de la UNED.

Notas y biografias

[1] “Año de la estrella de rabo” según el calendario pastoril saharaui aparece citado en la obra del antropólogo Julio Caro Baroja, Estudios Saharianos. Corresponde a 1952 en el calendario gregoriano. Fue un acontecimiento astrológico registrado en la memoria colectiva saharaui por el avistamiento de una estrella que arrastraba una cola en su recorrido.

[2] “Cambio de vida en el Sahara”. Revista Irifi, nº 11. Curso 1971-72. Instituto General Alonso de El Aaiun.

[3] Intervención de Bujari Ahmed en “Diálogo a dos bandas: “¿qué soluciones para Sahara Occidental?”. IV Jornadas de las Universidades Públicas Madrileñas. 26 de mayo de 2010. Recogido en el libro Memoria y tiempo presente del Sahara Occidental. p. 138.

[4] Ibid, p.138.

[5] Ibid, p.138.

[6] Intervención de Bujari Ahmed en el debate “El escenario internacional: Naciones Unidas y el Sahara Occidental”. III Jornadas de las Universidades Públicas Madrileñas. 26 de mayo de 2009. Recogido en el libro Memoria y tiempo presente del Sahara Occidental. p. 72.

[7] “Cambio de vida en el Sahara”. Revista Irifi. Op. cit.

[8] “Cambio de vida en el Sahara”. Revista Irifi. Op. cit.

[9] “Cambio de vida en el Sahara”. Revista Irifi. Op. cit.

[10] Oramas, Oscar. “La descolonización de África y sus líderes”. Editora Política. La Habana, 1990. p. 103

[11] Intervención de Bujari Ahmed en la mesa redonda “Un proyecto político para el Sáhara Occidental: referéndum y autodeterminación vs. autonomía”. I Jornadas de las Universidades Públicas Madrileñas. 8 de mayo de 2007. Recogido en el libro Universidad y Sahara Occidental. Reflexiones para la solución de un conflicto. p. 85.

[12] Dirigente y poeta integrante de la “Generación del 73 Saharaui”, caído en combate en los años ochenta contra la invasión marroquí.
[13] Intervención de Bujari Ahmed en “Diálogo a dos bandas: “¿qué soluciones para Sahara Occidental?”. Op. cit. p. 143.

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